La Constitución y su importancia

Es tiempo de dar a la Constitución la magnanimidad que se merece, promoviendo su estudio y comprensión, pero sobre todo enseñando a respetarla, cumpliendo sus mandatos sin vacilaciones ni acomodos coyunturales.

 

De acuerdo a la Ley 201, “Ley de Promoción de los Derechos Humanos y de la Enseñanza de la Constitución Política”, el primer lunes de septiembre de cada año, se debe celebrar en Nicaragua el Día de la Constitución. Sin embargo, este importante acontecimiento no se cumple a cabalidad, pues son raros y contados los centros escolares, instituciones del Estado y organizaciones de sociedad civil que para tan significativa fecha organizan actividades cívicas para conmemorar esta efeméride como se debe.

Por ello, es propia la ocasión para destacar la importancia del conocimiento y respeto de nuestra Carta Magna como Ley Fundamental de la nación de la cual se derivan todos los demás instrumentos legales que conforman el ordenamiento jurídico nicaragüense, condición que se ha querido exaltar en su artículo 182 al señalar que ninguna ley, decreto, tratado, órdenes o disposiciones pueden estar por encima de ella.

A partir de este principio de supremacía, la Constitución Política es la base sobre la cual se cimenta el ejercicio del poder en todos sus niveles, político, jurídico, económico y militar al igual que las actuaciones de los individuos frente al Estado y sus semejantes, por esa razón todo nicaragüense esta llamado a conocer y respetar su contenido.

El sometimiento a la Constitución, emanada de un acuerdo social voluntario en el que se encuentran plasmados los intereses y anhelos de los habitantes de un país es fuente de legitimidad para los actos de todos los funcionarios del Estado y constituye la piedra angular sobre la cual está construido el Estado de derecho, herramienta primordial para el respeto a los derechos humanos y el mantenimiento de la paz y armonía social en todas las naciones del mundo moderno.

La Constitución ha de ser para el ciudadano y principalmente para los servidores públicos, lo mismo que la Biblia es para el creyente cristiano, en tanto ambos textos establecen las pautas de comportamiento para el correcto actuar individual y colectivo, por consiguiente es un deber conocerla y de la misma forma que se hace con el libro sagrado, se tiene que leer, interpretar y respetar sus mandamientos.

Para los ciudadanos, ignorar la Constitución es negarse a sí mismo la oportunidad de ser libres en la medida que por desconocimiento permiten el manoseo indiscriminado de sus derechos civiles y políticos facilitando, por faltar a una responsabilidad cívica, la formación y consolidación de gobiernos autoritarios que conducen el poder al margen del texto constitucional.

Solo el conocimiento pleno de la Constitución permite a los ciudadanos ejercitar sus derechos e impedir que unos pocos, en virtud de sus intereses, decidan el destino de la patria, ya que una ciudadanía conocedora de sus derechos no se deja engañar fácilmente porque son personas informadas y como tal se convierten en sujetos activos capaces de participar en la gestión pública e incidir en el rumbo que tome el país, con miras a transformar la realidad en que viven y generar cambios positivos en su entorno político, económico y social.

Desafortunadamente en Nicaragua no existe un compromiso real y sostenido con la enseñanza de la Constitución Política, mucho menos una cultura de respeto y estricto apego a sus directrices. De hecho, la Constitución no se ha visto como el documento solemne que refleja los principios y valores compartidos por una sociedad, sino más bien como un traje a la medida de quienes a lo largo de la historia han ostentado el poder.

Es tiempo de dar a la Constitución la magnanimidad que se merece, promoviendo su estudio y comprensión, pero sobre todo enseñando a respetarla, cumpliendo sus mandatos sin vacilaciones ni acomodos coyunturales.

 

El autor es Director Ejecutivo de Hagamos Democracia.

 

Diario La Prensa.