Las OSC y su rol en la democracia

Es obvio que ante el debilitamiento del sistema de partidos y la deficiente gestión estatal se abran las puertas al protagonismo de la sociedad civil.

Para muchos, la crisis de representación de los partidos políticos así como la falta de legitimidad y respuesta del Estado a las demandas ciudadanas es un síntoma de que este tipo de corresponsabilidad se está agotando y por tanto compete a la sociedad civil llenar el vacío que ambos están dejando.
Es obvio que ante el debilitamiento del sistema de partidos y la deficiente gestión estatal se abran las puertas al protagonismo de la sociedad civil, pero, ¿debe la sociedad civil suplantar la función de los partidos y del Estado? ¿Cuál es o debe ser el rol de las organizaciones de la sociedad civil en la construcción de la democracia en Nicaragua?
En principio hay que decir que por una conceptualización impropia se asocia a las organizaciones de la sociedad civil que trabajan en temas de democracia, gobernabilidad y participación ciudadana con la sociedad civil en su conjunto cuando en realidad estas son solo parte de una estructura mayor.
La sociedad civil como tal, no es un tipo de organización en particular, son todos los ciudadanos que en pleno ejercicio de sus derechos buscan incidir voluntariamente en la gestión pública agrupándose en función de sus propios intereses dentro de un marco legal establecido.
Por su parte las organizaciones de sociedad civil (OSC) son el mecanismo por el cual se canaliza el sentir de la sociedad, es decir, las instancias que promueven temas de intereses diversos y defienden derechos ignorados o que están siendo violentados flagrantemente por la clase gobernante.
Desde esta perspectiva, las organizaciones de la sociedad civil y específicamente las que abordan temas del ámbito público, deben actuar como agentes facilitadores de espacios de diálogo y concertación, fomentando la participación e incidencia ciudadana en la gestión de gobierno a nivel nacional, regional o municipal para solucionar los problemas que afectan el entorno social y comunitario de la población.
Las OSC están llamadas por encima de todo a luchar por los derechos de la ciudadanía y en virtud de ello, fiscalizar la gestión pública, manteniendo una crítica constructiva al desempeño gubernamental que se aleja del bien común. Desde luego, esto implica el compromiso de ser instituciones imparciales y objetivas en sus posiciones, por lo que bajo ninguna circunstancia debe ligar su trabajo institucional o el de sus miembros a una causa partidaria o ajena a su misión que pueda poner en juego su credibilidad.
El rol de las OSC en la construcción de la democracia ha de ser entonces, el de contribuir en aras del bienestar social, al desarrollo de la nación, toda vez que la existencia de una sociedad civil robusta y activa no solo es fundamental para la consolidación de la democracia y el progreso de la sociedad, sino que además aporta a la legitimidad de los gobiernos validando sus políticas públicas.
A partir de esta premisa, cabe indicar que no corresponde a las OSC relevar al Estado o a los partidos políticos de sus funciones sino más bien coadyuvar a que cada uno asuma con entereza y responsabilidad la tarea que le toca y de esta manera lograr que la función administrativa sea cada vez más eficiente en la satisfacción de las necesidades de los gobernados. Entender el rol de las OSC desde otra dimensión, sería desvirtuar la naturaleza de su existencia.
Por consiguiente, mientras las OSC actúen con ecuanimidad y apegadas a la ley ni el Estado ni los partidos políticos deben verlas como rivales o adversarios, sino más bien como entes cuyo trabajo viene a complementar sus respectivas labores dinamizando la relación entre el ciudadano y sus gobernantes.

El autor es Director Ejecutivo de Hagamos Democracia.

 

Artículo La Prensa, del miércoles 02 de agosto de 2017